Conflicto entre humanos y animal feral en el Páramo del Almorzadero (Colombia)

Diferentes grupos de trabajo y organismos colombianos, la Universidad Nacional de Colombia y miembros del Voluntariado para Censo del Lobo y Evaluación del Estado de Conservación de sus Hábitats Naturales en la Península Ibérica con sede en la Universidad de Alcalá (UAH), Madrid, España, han colaborado en la publicación de un artículo en la «Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales».

En este artículo se muestra el estudio científico realizado en el conocido como Páramo del Almorzadero sito en los Departamentos de Santander y Norte de Santander, Colombia, con gran actividad silvopastoril de subsistencia y donde existen numerosos reportes de ataques al ganado ovino y caprino, atribuidos tradicionalmente a felinos que habitan en dicha zona.

Durante el desarrollo del trabajo se trató de averiguar si realmente los felinos silvestres que habitaban en el área de estudio, puma (Puma concolor), oncilla (Leopardus tigrinus) y jaguarundi (Puma yagouaroundi), así como otras especies de depredadores, eran los verdaderos causantes de los ataques. Para ello, se hicieron reuniones virtuales y presenciales con la comunidad y se recolectaron datos biológicos en los lugares de los presuntos ataques. Los resultados, tras analizar toda la información, indicaron como hipótesis más probable que los causantes de los ataques eran perros domésticos (Canis lupus familiaris), tanto asilvestrados y abandonados como simplemente descuidados que, «incluso si reciben alimento y otros beneficios, pueden depredar la fauna silvestre y la doméstica».

Trabajo de educación ambiental y ciencia ciudadana

Parte de los resultados del estudio surgieron de reuniones con la comunidad local, se indagó en zonas urbanas y rurales del área de estudio sobre las posturas de los líderes comunitarios en torno al conflicto con la fauna silvestre. Eso permitió conocer los problemas que los ataques habían generado, saber si realmente había habido avistamientos directos de los felinos y crear «espacios de apropiación social del conocimiento orientados a crear conciencia sobre el patrimonio biocultural del páramo con base en la información relativa a la biodiversidad. Se creó un grupo de WhatsApp denominado “Semillero comunitario del patrimonio biocultural: sentir desde el páramo” en el que se invitaba a reflexionar sobre la problemática ambiental en el páramo y la actuación de la comunidad frente a ella».

Socialización del proyecto con la comunidad del Páramo del Almorzadero, Santander, Colombia. Foto: EEFN, 2022.

Se obtuvieron datos a través de las observaciones recogidas en distintas plataformas de ciencia ciudadana. Asimismo, los responsables del estudio consideraron que «las observaciones directas podían ofrecer más información detallada sobre el Páramo del Almorzadero que las áreas de distribución reportadas por las autoridades colombianas», por lo que realizaron transectos de muestreo y se colocaron cámaras de foto-trampeo, según la metodología empleada en el Voluntariado para Censo del Lobo y Evaluación del Estado de Conservación de sus Hábitats Naturales en la Península Ibérica.

Las reuniones con las comunidades del Páramo dejaron patente un conocimiento de los felinos y una posición frente al conflicto desigual, mientras algunas demostraron una sabiduría significativa con respecto a la fauna silvestre y su biología, en otras era más deficiente. Del mismo modo que la posición del conflicto, pues, aunque todos mostraron preocupación por las leyes proteccionistas de la fauna, unas comunidades son más beligerantes y otras más comprensivas.

Como puede leerse en el artículo: «Debe tenerse en cuenta que la deficiente educación ambiental ha ocasionado el desconocimiento del páramo como ecosistema estratégico que provee recursos importantes para el bienestar de las comunidades urbanas y rurales. La idea del equilibrio ecosistémico y del ecosistema como una unidad conformada por diferentes partes no fue evidente en ninguno de los sectores. Por el contrario, se conserva una visión cultural heredada, que se finca en la deforestación, la cacería y el aumento de la frontera agropecuaria».

Los perros como responsables de los ataques

La evidencia recogida en el estudio concluyó que los depredadores dominantes en el área de estudio eran los perros (Canis lupus familiaris), los restos óseos encontrados en la zona también presentaban mordidas compatibles con esta especie. Se registraron, además, diversas especies de herbívoros silvestres y domésticos. 

Por el contrario, ningún felino con posible presencia en el Páramo había sido registrado en plataformas de ciencia ciudadana. Si bien la ausencia podría deberse a que son especies esquivas con una escasa densidad, la presencia en estas plataformas de otras especies refuerza el planteamiento de que «no existe una amplia información sobre la distribución y ecología de los grandes depredadores en Suramérica».

Los animales silvestres no suelen causar la muerte del ganado en áreas mixtas de bosque y zonas pobladas. Cuando esto ocurre, la culpa es automáticamente achacada a los medianos y grandes carnívoros silvestres, pero nunca a los perros, pues ello ocasionaría problemas legales a los dueños. 

Resulta muy importante que los expertos forenses puedan acceder a las zonas de los presuntos ataques para poder verificar tanto el tipo de lesiones como el comportamiento de la especie que ha podido ocasionarlas y realizar una integración de indicios, así como una toma de muestras para posibles análisis moleculares posteriores. El estudio demostró que muchos reportes sobre ataques al ganado y posibles depredadores silvestres implicados «respondían al imaginario colectivo» de las diferentes comunidades locales.

Métodos de muestreo para el registro de medianos y grandes mamíferos. A.Selección del sitio de muestreo. B.Cámaras trampa. C.Avistamiento de ganado dentro de las zonas boscosas. Páramo del Almorzadero, Santander, Colombia. Foto: EEFN, 2022.

La problemática de los perros ferales en Colombia es enorme, llegándose a reportar manadas de hasta doce perros en diversos parques nacionales como el de Chingaza y el de Puracé. Asímismo, por causa de la acción antrópica, en los hábitats naturales hay gran carencia e incluso total ausencia de especies de grandes depredadores como jaguar (Panthera onca) y puma (Puma concolor) que podrían actuar como reguladores de la población de cánidos asilvestrados tal y como la literatura científica demuestra.

El comportamiento de los perros asilvestrados/ferales, abandonados o simplemente descuidados se asemeja al del lobo (Canis lupus Linnaeus, 1758), llegando incluso a agruparse en manadas jerarquizadas y siendo capaces de matar presas de hasta 400 kg, sus ataques han sido descritos por algunos autores como de «mutilación excesiva» aunque, en general, son muy difíciles de diferenciar de visu, por lo que suelen achacarse al lobo en las latitudes donde habita esta especie como gran depredador silvestre. El impacto de los ataques de perros al ganado allá donde los depredadores naturales son escasos, resulta mucho más importante que el de estos. En un estudio realizado en Francia, de 733 ataques a ganado ovino, el 91 % fue causado por perros descuidados o asilvestrados y solo en el 9 % restante se encontraron indicios de oso pardo (Ursus arctos) que incluso podría haber consumido los restos como carroña, sin haber sido el autor de los ataques.

Otro problema asociado a los perros abandonados o asilvestrados son los envenenamientos. Algunos miembros de las comunidades locales utilizan diversos tipos de venenos como forma de “controlar” a los perros en aquellas zonas donde abundan y representan una potencial amenaza. Este método es enormemente perjudicial y afecta gravemente a toda la cadena trófica, desde especies carroñeras especializadas y amenazadas de extinción como el cóndor andino (Vultur gryphus) a oportunistas también muy amenazados, como el oso de anteojos (Tremarctos ornatus),  así como a muchas otras.

La importancia de la salud del ecosistema

La presencia de grandes y medianos depredadores refleja la salud de los ecosistemas, «pues son especies indispensables para la regulación de muchos de los procesos ecosistémicos: el control de la población de presas, la reducción de la carga de parásitos en humanos, la dispersión de semillas, la regulación indirecta de la depredación de plantas y semillas de los bosques y, por ende, de su regeneración».

En hábitats bien conservados, es decir, con todos los elementos que componen el ecosistema, los grandes carnívoros prefieren las presas naturales al ganado, y solo cuando la intervención del ser humano disminuye la población de ungulados silvestres y por tanto su disponibilidad en el ecosistema, por «caza incontrolada o furtiva, destrucción del hábitat por quemas o plantación de extensos monocultivos, usos ganaderos insostenibles, etc.», deben recurrir al ganado. Además, como publicamos en nuestro informe del 2018 y recoge diversa literatura científica, «las manadas de lobos fuertemente cohesionadas y mantenidas en el tiempo en determinado territorio discriminan positivamente las presas naturales frente al ganado doméstico».

Rastros registrados de medianos y grandes mamíferos. A.Avistamiento, Odocoileus virginianus. B.Avistamiento, Ovis orientalis aries. C.Excretas de conejo (Sylvilagus brasiliensis). D.Excretas de oso (Tremarctos ornatus). E.Cráneo de tinajo (Cuniculus taczanowskii). F.Húmero de oveja (Ovis orientalis aries). Páramo del Almorzadero, Santander, Colombia. Foto: EEFN, 2022.

Los grandes depredadores nativos son, también, los mejores reguladores de las poblaciones de animales asilvestrados, siendo fundamentales para controlar enfermedades, algunas de ellas muy graves para el ser humano como la rabia y el moquillo. La conservación de superdepredadores permite proporcionar «estabilidad y buena salud a los ecosistemas y preservar los demás elementos del medio, y no hay que olvidar que el ser humano también forma parte de este».

Actuaciones

Las autoridades, tanto locales como nacionales «tienen un papel clave en la conservación de la biodiversidad mediante el empleo adecuado de recursos públicos, la promoción del desarrollo sostenible y la economía circular con especial énfasis en las zonas socioeconómicas sensibles o degradadas», y, además, como abogamos desde el Voluntariado, «es fundamental la participación ciudadana» para poder llevarlo a cabo.

Es importante que haya iniciativas que promuevan el conocimiento y la participación de la comunidad. «La clave para la convivencia entre el humano y el entorno silvestre es la educación desde la escuela básica sobre la conservación y la ecología de los grandes depredadores», pues «la comunidad debe comprender la necesidad de implementar alternativas de manejo del conflicto entre los medianos y grandes depredadores y el humano que eviten que el ganado quede libre, ingrese a las zonas boscosas y deteriore la matriz del paisaje por la compactación del suelo y la pérdida de la cobertura vegetal». La labor de los medios de comunicación a favor de este conocimiento y de la coexistencia es fundamental.

La conservación de los grandes depredadores y de los hábitats naturales que ocupan, a largo plazo, necesita de la participación del sector agroganadero, además de un manejo sostenible tanto de la tierra como del ganado. Las estrategias para lograrlo deben recoger los valores culturales de cada región para que no se aprecien como imposiciones externas y es urgente mejorar «el seguimiento de las medidas de mitigación para promover una política efectiva basada en la evidencia».

Para finalizar, el estudio propugna la restauración ecosistémica desde una visión biocultural-educacional que «contribuya a un mayor equilibrio y al aumento de la biodiversidad en la zona de estudio, lo que también beneficiaría a las comunidades locales».

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