Pastando con lobos, un proyecto de ganadería respetuosa con el lobo avalado por GREFA

Que la ganadería y la conservación del lobo son compatibles, es una realidad plagada de ejemplos, pero que estos ganaderos que se esfuerzan por mantener los métodos de pastoreo tradicionales están en desventaja frente aquellos que no lo hacen, también es cierto.

Pastando con lobos, es una iniciativa de una ganadería de la lobera zona de Sanabria, en Zamora, que pretende dar a conocer a los consumidores, mediante un sello, que su ganadería es respetuosa y compatible con el lobo y con todo el ecosistema que les rodea. Para dar credibilidad al proyecto, Alberto, Rosa y sus hijos, cuentan con el apoyo de GREFA (Grupo de rehabilitación de la Fauna Autóctona y de su Hábitat), una ONG de larga y reconocida reputación en el campo de la recuperación e introducción de animales salvajes.

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Los mastines, el trabajo de pastoreo diario, la recogida del ganado en corrales por la noche, la alimentación natural todos los días en el monte… permiten ofrecer carne de alta calidad con la tranquilidad de estar consumiendo con inteligencia y responsabilidad, por eso GREFA, con mucha experiencia ya en diferentes proyectos de custodia de territorios, avala el proyecto.

En la web del censo, ya publicamos una intervención de Alberto en el programa Hablar por Hablar, de la cadena SER. Hoy, continuamos con la presentación de su proyecto para salvar las dificultades y defender que la presencia del lobo, no solo es el menor de los problemas de los ganaderos, sino que incluso es beneficioso para controlar la sobrepoblación de herbívoros silvestres que compiten por el pasto y para regular las enfermedades que estos transmiten al ganado doméstico. Esperamos que próximamente podamos dar cuenta del éxito del proyecto y su implantación en otras ganaderías. Está en nuestras manos.

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Ruta por la linde entre Soria y La Rioja

Ayer estuve haciendo un transecto por lo alto de los cordales entre Soria y La Rioja. Había mucha agua por caminos y pistas, resultado de un invierno lluvioso que ha traído una primavera de paisajes espectaculares y abundancia de ciervo y jabalí.

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Vi máquinas forestales paradas y algunas trabajando, por eso los caminos estaban embarrados, pero aún así, me encontré alguna hez maja. Continuar leyendo

La cabra castiza. ¿Una nueva herramienta para la recuperación del lobo?

JAVIER RUIZ. (…) Es manido e imprescindible el recurrir a que en la conservación de cualquier especie hay que tener en cuenta el binomio del “hombre y la tierra”. Pero refiriéndonos al lobo, lo consideramos consustancial. Eso, o que lo que deseemos para el lobo (y para el hombre) sea volver a una sociedad cazadora-recolectora del paleolítico, donde hombres y lobos éramos “depredadores competidores”. Y no considerar al tipo de hombre agricultor-ganadero del neolítico, que nos define desde hace 8.000 años y arrastramos hasta hoy en día, y en donde netamente somos “enemigos enfrentados”.
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Recientemente se justifica la deseada recuperación de las manadas de lobos como una forma de reversión de la erosión que ocasiona un exceso de ungulados silvestres, a resultas del modelo de propiedad del territorio –latifundios – y sus cercados para una gestión cinegética que se asemeja a la ganadería en extensivo –de hecho, se las denominan “reses” en el argot venatorio-. Modelo de gestión que, si bien tuvo su comienzo en el territorio a principios del s. XX (fincas Panizal y Risquillo), se generalizó a partir de los 50. Recuerden que en estas fechas acontecieron varias crisis del modelo productivo. A la citada del cerdo ibérico (P.P.A.) súmese el abandono del carboneo como base energética en favor del gas butano, la plantación de extensísimos pinares por iniciativa de Patrimonio Forestal del Estado y más tarde por el ICONA, y la apertura de oportunidades laborales en los grandes centros urbanos, que ocasionaron la huida de la miseria de la economías de la subsistencia y desembocaron en la masiva emigración rural hacia las grandes urbes. Pero salvo en casos evidentes sería más justo y acertado reconocer cómo estos factores permitieron una reforestación generalizada de Sierra Morena. Viéndose esto en cómo las fotogrametrías del “vuelo americano” del año 56, eran retratos de un pasado desolador, por la gran erosión de nuestros montes. ¿Culpables de ello? Sin duda alguna no eran los venados ni los pródromos del latifundismo de la caza. Y si producto del carboneo, de materos desmontando encinas para generar cultivos y pastos, y en su mayor parte por la presencia de enormes hordas de cabras castizas… Porque ahora si es menester citar que, inmemorialmente, “la cabra, era la vaca del pobre” y el mejor ganado de los peores suelos. Y que al parecer la enorme expansión de este recurso ganadero por todas nuestras sierras fue a raíz de la desaparición de la Mesta. Y ser llamada “castiza” era una apelativo debido a su “buena casta” y a su forma peculiar de andar y presentarse.

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¿Y si matar lobos no es la solución?

Ayer, un voluntario del censo me mandó una noticia de El Diario Montañés, que se puede ver aquí, sobre el ataque de lobos a 20 ovejas en Tudanca, Cantabria. Una noticia cuya lectura en profundidad plantea cuestiones interesantes.

Los lobos atacaron a escasos 100 metros de las casas del pueblo, matando a 16 e hiriendo gravemente a otras cuatro. Los mismos ganaderos aseguran que “jamás habían bajado tan cerca de las casas”. En este caso, según ellos mismos, los lobos se colaron por debajo de la malla ganadera que rodeaba el recinto donde las tenía guardadas.

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El Diario Montañés

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El diario Montañés

Las imágenes demuestran los daños y es comprensible el enfado de los ganaderos que dicen no estar en contra de la conservación del lobo pero sí hartos de que les maten a sus animales. Lo cual es comprensible.

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Emlobados 2016. Juntos por el lobo

El 24 y 25 de septiembre se celebró en Solana del Pino (Ciudad Real) Emlobados 2016, unas jornadas sobre el lobo ibérico. Un pueblo y una asociación, ANASMA, que se vuelcan cada año en organizar un fin de semana lleno de conferencias de personalidades dentro del mundo del lobo ibérico, empezando a ser un evento imprescindible en el calendario anual.

Sin ayudas oficiales, solo con el corazón y la ilusion de poder ver, otra vez, el trote lobuno por sus sierras, la asociación ANASMA (Asociación Naturalista Aullidos de Sierra Madrona) organizó su cuarto Emlobados en un ambiente familiar lleno de camaradería.

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El primer ponente es toda una institución en el mundo de la ganadería y la trashumancia, Jorge Escudero, director del CEA La Dehesa en Riópar, hizo la presentación de su último libro que ha salido recientemente gracias al crownfunding, Lobos y trashumancia tradicional en Sierra Morena, continuación que complementa a Luna de lobos.

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Buscando huellas de lobos

Es magnífico estar rodeado de naturaleza, caminando con personas que comparten un objetivo, una ilusión y repletos de motivación. Observar cada mata, escudriñar cada metro del suelo y de pronto… ¡uno de nosotros encuentra un indicio! la curiosidad hace que el grupo se reúna en torno a este.

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Fotografías, mediciones y alegría por lo que este hallazgo significa. El sentimiento en el momento de encontrar… ¡es verdaderamente emocionante! al menos así lo viví yo. Este sería un brevísimo resumen de lo que supone una salida de campo en el Censo.

Pero el privilegio de compartir este recorrido con dos profesionales como Fernando Palacios y Ángel Sánchez, lo transformó en una enorme oportunidad, una formación de lujo que hace de un transecto una verdadera experiencia en la que uno escucharía aunque no tuviera oídos.

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Tuvimos la gran suerte de poder encontrar numerosos indicios de la presencia de lobo en la zona, y por supuesto de otros muchos animales. Aprendí muchísimo en cada uno de estos rastros, en cada una de las atentas observaciones y las explicaciones que nos brindaron. La seriedad y la profesionalidad impregnaban cada indicación. Las risas, el buen ambiente, la comida grupal con unas vistas magnificas y por supuesto una gran compañía, me hicieron sentir arropado aún yendo sin conocer a nadie, como fue mi caso. Cuando regresé a mi casa, una sola idea rondaba mi cabeza: ESTOY DESEANDO VOLVER.

¡¡¡Gracias compañeros y maestros!!! Nos vemos muy pronto para seguir las huellas de nuestro amado lobo.

Pablo Indeguy

Si quieres formar parte del voluntariado del censo de lobo ibérico infórmate aquí.

Nueva jornada con los voluntarios del Censo del Lobo Ibérico en Ávila.

A mediados de septiembre tuvo lugar una nueva salida al campo para formar a los participantes del Voluntariado Nacional para el Censo del Lobo Ibérico. La actividad se desarrolló en Ávila y fue guiada por Fernando Palacios, uno de los coordinadores generales del Censo.

Los muestreos para aprender a rastrear lobo ibérico (Canis lupus signatus) comenzaron el pasado mes de agosto con salidas en Madrid y Segovia. A primeros de septiembre Fernando Palacios enseñaba a identificar rastros de lobo a los voluntarios de Ávila (Castilla y León), continuando con los muestreos de formación que se están desarrollando en varias provincias.

David, uno de los voluntarios de Ávila, relata con las sensaciones que tuvo durante la actividad:

“Lo cierto es que aunque de naturaleza optimista, aquel día, lo mirase como lo mirase, había amanecido torcido. Ya no era que el termómetro se hubiera desplomado de golpe haciéndome mudar en mitad de la madrugada los gayumbos por el pijama; ni que con las prisas y la modorra mañanera que soldaba mis párpados hubiera olvidado meter las botas en el coche; y ni siquiera se debía a aquel desagradable tiovivo al que parecían estar subidos los cereales del desayuno mientras tomábamos las curvas del puerto de Menga. La causa principal de aquel desánimo que me afectaba incluso físicamente era la terca idea de que al final estábamos viajando para nada: con toda la pertinaz lluvia que había caído la noche anterior ¿qué narices íbamos a buscar en medio de la montaña sumergidos en el barro? Pero como tantas veces… ¡qué equivocado que estaba!

Tengo que reconocer que mientras esperábamos la llegada de Fernando en la pequeña venta de carretera que servía de punto de encuentro y Mariano aprovechaba para devorar un par de magdalenas y ponerse el traje de faena: ¡unas bermudas y una camiseta de manga corta!, no pude evitar sentir aquella lejana sensación de cierta inquietud por la novedad que me acontecía de niño antes de cada excursión escolar. Y es que para unos pajareros como nosotros, acostumbrados a mirar al cielo cada vez que salimos al campo, cambiar la perspectiva y empezar a buscar rastros en el suelo, y encima de ¡lobo!, era algo completamente original.

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La excursión lobera empezó con fuerza: Ángel, con su mochilón a la espalda y apoyado en sus bastones, demarraba a lo Contador camino de la cumbre, dejándonos a todos ojipláticos y sin aliento; ¡joder que ya empezamos la Ultra de Gredos! Y aunque durante algunos kilómetros tan solo nos dedicamos a recorrer un pedregoso y oscuro camino que se abría paso entre homogéneos y aburridos pinos de reforestación, lo bueno no tardó en llegar. Así cuando Fernando encontró el primer rastro –tiro de eufemismos por no poner mierda de lobo, pero eso es lo que era, un enorme zurullo peludo de lobo; ¡hala!, se acabaron los eufemismos- toda su serenidad contenida se transformó, por obra y gracia de la experiencia y el conocimiento, en una explosión de palabras, en una impagable clase magistral sobre el reconocimiento de rastros y sobre el comportamiento y la biología del lobo ibérico. Llevados de su mano aprendimos a reconocer los excrementos del lobo, a diferenciar la presa que horas antes había degustado el animal, a localizar los lugares más adecuados para buscar los rastros, a recoger adecuadamente las muestras, a encontrar el lugar idóneo donde emplazar las cámaras de fototrampeo… Pasamos siete horas increíbles por el monte aprendiendo de un maestro, recogiendo muestras, siguiendo rastros, comiéndonos las zarzamoras que estaban destinadas a los pájaros, buscando a Mariano cuya incontrolable ilusión infantil le hacía alejarse de nosotros cada dos por tres en busca de nuevos signos del lobo… pero sobre todo pasamos un día disfrutando con amigos de lo que más nos gusta.

Al final de vuelta a casa, sanamente cansado y moqueando como un grifo mal cerrado, todas aquellas nubes con las que se había levantado el día se habían transformado en un radiante sol que desperezaba toda mi elocuencia ante la desconcertada cara de mi chica: ¿sabes niña?, hemos encontrado por lo menos ¡una veintena de ñordas de lobo!, y ni te cuento las cacas de zorro y mustélidos que había, además hemos visto un gigantesco cagadero de tejón ¡superespecial! ¿Por qué?, hija porque no estaba excavado en el suelo, sino ¡entre dos piedras!

¡Ah!, se me olvidaba, yo que recojo las cacas del perrito apartando la cara y con todo el asco del mundo, he olisqueado la boñiga de un lobo… y no huele tan mal.”

Todos los interesados en participar en el Censo pueden apuntarse enviando un email a censo.lobo.iberico@mncn.csic.es.