La cabra castiza. ¿Una nueva herramienta para la recuperación del lobo?

JAVIER RUIZ. (…) Es manido e imprescindible el recurrir a que en la conservación de cualquier especie hay que tener en cuenta el binomio del “hombre y la tierra”. Pero refiriéndonos al lobo, lo consideramos consustancial. Eso, o que lo que deseemos para el lobo (y para el hombre) sea volver a una sociedad cazadora-recolectora del paleolítico, donde hombres y lobos éramos “depredadores competidores”. Y no considerar al tipo de hombre agricultor-ganadero del neolítico, que nos define desde hace 8.000 años y arrastramos hasta hoy en día, y en donde netamente somos “enemigos enfrentados”.
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Recientemente se justifica la deseada recuperación de las manadas de lobos como una forma de reversión de la erosión que ocasiona un exceso de ungulados silvestres, a resultas del modelo de propiedad del territorio –latifundios – y sus cercados para una gestión cinegética que se asemeja a la ganadería en extensivo –de hecho, se las denominan “reses” en el argot venatorio-. Modelo de gestión que, si bien tuvo su comienzo en el territorio a principios del s. XX (fincas Panizal y Risquillo), se generalizó a partir de los 50. Recuerden que en estas fechas acontecieron varias crisis del modelo productivo. A la citada del cerdo ibérico (P.P.A.) súmese el abandono del carboneo como base energética en favor del gas butano, la plantación de extensísimos pinares por iniciativa de Patrimonio Forestal del Estado y más tarde por el ICONA, y la apertura de oportunidades laborales en los grandes centros urbanos, que ocasionaron la huida de la miseria de la economías de la subsistencia y desembocaron en la masiva emigración rural hacia las grandes urbes. Pero salvo en casos evidentes sería más justo y acertado reconocer cómo estos factores permitieron una reforestación generalizada de Sierra Morena. Viéndose esto en cómo las fotogrametrías del “vuelo americano” del año 56, eran retratos de un pasado desolador, por la gran erosión de nuestros montes. ¿Culpables de ello? Sin duda alguna no eran los venados ni los pródromos del latifundismo de la caza. Y si producto del carboneo, de materos desmontando encinas para generar cultivos y pastos, y en su mayor parte por la presencia de enormes hordas de cabras castizas… Porque ahora si es menester citar que, inmemorialmente, “la cabra, era la vaca del pobre” y el mejor ganado de los peores suelos. Y que al parecer la enorme expansión de este recurso ganadero por todas nuestras sierras fue a raíz de la desaparición de la Mesta. Y ser llamada “castiza” era una apelativo debido a su “buena casta” y a su forma peculiar de andar y presentarse.

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Pacto con lobos. TVE en estado puro

Es imposible pretender conocer al lobo sin mirar todas las caras que componen su historia y su leyenda. Pocos animales son tan poliédricos, siendo imposible separar su dimensión ecológica y morfológica, de su innegable presencia en el folklore, la historia y, cómo no, también en el esoterismo y la mitologia.

Los documentales de Pacto con lobos, realizados por TVE dentro de la serie Espacios Naturales, son una joya dentro del panorama audiovisual sobre el lobo ibérico. Espero que lo disfruten.

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Lobo Ibérico: problemática de una especie transfronteriza

(Texto publicado originalmente en www.civinova.com)

Hablar sobre el lobo en el contexto ibérico es lanzarse de cabeza a la controversia. Pese al gran avance mostrado por la sociedad y administraciones públicas en materia de conservación de recursos naturales y valores de biodiversidad durante los cuarenta últimos años, el Canis lupus signatus sigue siendo la única especie emblemática que no posee un consenso general y del que no se tiene clara aún su necesidad de protección, incluso por parte de aquellos quienes tienen encomendada su gestión. Y junto con el zorro (Vulpes vulpes L.) son los únicos carnívoros predadores que no se encuentran protegidos plenamente en todo el territorio nacional. Sobradamente conocida es la historia legendaria y mitológica asociada a la especie así como la evolución del estatus legal que lo avala en la actualidad, por lo que solo cabe hacer una somera mención como antecedente.

Para muchos parece suficiente que en 1970, bajo el amparo de la entonces moderna Ley de Caza, el lobo fuese declarado especie cinegética y regulado por las vedas normalmente establecidas, dejando atrás un pasado como especie perseguida y de captura premiada por las Administraciones Públicas, a través de las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos.

Esta Ley 1/1970, de 4 de abril, concede a la especie los 9 meses de tregua que normalmente supone el período de veda. Es natural atribuir el mérito de ese nuevo planteamiento y gestión, al hecho de que la especie haya podido salir de los escasos reductos donde fue confinado y extenderse como lo sigue haciendo, convirtiéndose en un quebradero de cabeza para muchos de aquellos que tienen la misión de gestionar la biodiversidad.

Que la medida no fue tan mágica ni acertada, queda probada en su extinción a posteriori en el caso de Extremadura, Castilla-La Mancha y la práctica totalidad de Andalucía, donde el descenso de población progresivo llevó a declararle como especie no cazable o en peligro de extinción a mediados de los años 80. De modo similar, en aquellos territorios que se consideran como sus “cuarteles de invierno”, también estuvo el lobo en situación precaria hasta pasadas varias décadas.

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