Buscando huellas de lobos

Es magnífico estar rodeado de naturaleza, caminando con personas que comparten un objetivo, una ilusión y repletos de motivación. Observar cada mata, escudriñar cada metro del suelo y de pronto… ¡uno de nosotros encuentra un indicio! la curiosidad hace que el grupo se reúna en torno a este.

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Fotografías, mediciones y alegría por lo que este hallazgo significa. El sentimiento en el momento de encontrar… ¡es verdaderamente emocionante! al menos así lo viví yo. Este sería un brevísimo resumen de lo que supone una salida de campo en el Censo.

Pero el privilegio de compartir este recorrido con dos profesionales como Fernando Palacios y Ángel Sánchez, lo transformó en una enorme oportunidad, una formación de lujo que hace de un transecto una verdadera experiencia en la que uno escucharía aunque no tuviera oídos.

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Tuvimos la gran suerte de poder encontrar numerosos indicios de la presencia de lobo en la zona, y por supuesto de otros muchos animales. Aprendí muchísimo en cada uno de estos rastros, en cada una de las atentas observaciones y las explicaciones que nos brindaron. La seriedad y la profesionalidad impregnaban cada indicación. Las risas, el buen ambiente, la comida grupal con unas vistas magnificas y por supuesto una gran compañía, me hicieron sentir arropado aún yendo sin conocer a nadie, como fue mi caso. Cuando regresé a mi casa, una sola idea rondaba mi cabeza: ESTOY DESEANDO VOLVER.

¡¡¡Gracias compañeros y maestros!!! Nos vemos muy pronto para seguir las huellas de nuestro amado lobo.

Pablo Indeguy

Si quieres formar parte del voluntariado del censo de lobo ibérico infórmate aquí.

Nueva jornada con los voluntarios del Censo del Lobo Ibérico en Ávila.

A mediados de septiembre tuvo lugar una nueva salida al campo para formar a los participantes del Voluntariado Nacional para el Censo del Lobo Ibérico. La actividad se desarrolló en Ávila y fue guiada por Fernando Palacios, uno de los coordinadores generales del Censo.

Los muestreos para aprender a rastrear lobo ibérico (Canis lupus signatus) comenzaron el pasado mes de agosto con salidas en Madrid y Segovia. A primeros de septiembre Fernando Palacios enseñaba a identificar rastros de lobo a los voluntarios de Ávila (Castilla y León), continuando con los muestreos de formación que se están desarrollando en varias provincias.

David, uno de los voluntarios de Ávila, relata con las sensaciones que tuvo durante la actividad:

“Lo cierto es que aunque de naturaleza optimista, aquel día, lo mirase como lo mirase, había amanecido torcido. Ya no era que el termómetro se hubiera desplomado de golpe haciéndome mudar en mitad de la madrugada los gayumbos por el pijama; ni que con las prisas y la modorra mañanera que soldaba mis párpados hubiera olvidado meter las botas en el coche; y ni siquiera se debía a aquel desagradable tiovivo al que parecían estar subidos los cereales del desayuno mientras tomábamos las curvas del puerto de Menga. La causa principal de aquel desánimo que me afectaba incluso físicamente era la terca idea de que al final estábamos viajando para nada: con toda la pertinaz lluvia que había caído la noche anterior ¿qué narices íbamos a buscar en medio de la montaña sumergidos en el barro? Pero como tantas veces… ¡qué equivocado que estaba!

Tengo que reconocer que mientras esperábamos la llegada de Fernando en la pequeña venta de carretera que servía de punto de encuentro y Mariano aprovechaba para devorar un par de magdalenas y ponerse el traje de faena: ¡unas bermudas y una camiseta de manga corta!, no pude evitar sentir aquella lejana sensación de cierta inquietud por la novedad que me acontecía de niño antes de cada excursión escolar. Y es que para unos pajareros como nosotros, acostumbrados a mirar al cielo cada vez que salimos al campo, cambiar la perspectiva y empezar a buscar rastros en el suelo, y encima de ¡lobo!, era algo completamente original.

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La excursión lobera empezó con fuerza: Ángel, con su mochilón a la espalda y apoyado en sus bastones, demarraba a lo Contador camino de la cumbre, dejándonos a todos ojipláticos y sin aliento; ¡joder que ya empezamos la Ultra de Gredos! Y aunque durante algunos kilómetros tan solo nos dedicamos a recorrer un pedregoso y oscuro camino que se abría paso entre homogéneos y aburridos pinos de reforestación, lo bueno no tardó en llegar. Así cuando Fernando encontró el primer rastro –tiro de eufemismos por no poner mierda de lobo, pero eso es lo que era, un enorme zurullo peludo de lobo; ¡hala!, se acabaron los eufemismos- toda su serenidad contenida se transformó, por obra y gracia de la experiencia y el conocimiento, en una explosión de palabras, en una impagable clase magistral sobre el reconocimiento de rastros y sobre el comportamiento y la biología del lobo ibérico. Llevados de su mano aprendimos a reconocer los excrementos del lobo, a diferenciar la presa que horas antes había degustado el animal, a localizar los lugares más adecuados para buscar los rastros, a recoger adecuadamente las muestras, a encontrar el lugar idóneo donde emplazar las cámaras de fototrampeo… Pasamos siete horas increíbles por el monte aprendiendo de un maestro, recogiendo muestras, siguiendo rastros, comiéndonos las zarzamoras que estaban destinadas a los pájaros, buscando a Mariano cuya incontrolable ilusión infantil le hacía alejarse de nosotros cada dos por tres en busca de nuevos signos del lobo… pero sobre todo pasamos un día disfrutando con amigos de lo que más nos gusta.

Al final de vuelta a casa, sanamente cansado y moqueando como un grifo mal cerrado, todas aquellas nubes con las que se había levantado el día se habían transformado en un radiante sol que desperezaba toda mi elocuencia ante la desconcertada cara de mi chica: ¿sabes niña?, hemos encontrado por lo menos ¡una veintena de ñordas de lobo!, y ni te cuento las cacas de zorro y mustélidos que había, además hemos visto un gigantesco cagadero de tejón ¡superespecial! ¿Por qué?, hija porque no estaba excavado en el suelo, sino ¡entre dos piedras!

¡Ah!, se me olvidaba, yo que recojo las cacas del perrito apartando la cara y con todo el asco del mundo, he olisqueado la boñiga de un lobo… y no huele tan mal.”

Todos los interesados en participar en el Censo pueden apuntarse enviando un email a censo.lobo.iberico@mncn.csic.es.

 

Los voluntarios de Guadalajara salen a rastrear lobo.

Las salidas formativas con voluntarios del Censo del Lobo Ibérico continúan en Septiembre. Los voluntarios aprenden a reconocer los rastros de lobo para poder realizar un seguimiento de las poblaciones de Canis lupus signatus.

La actividad tuvo lugar a primeros de mes en Guadalajara, Castilla La Mancha, y fue dirigida por Fernando Palacios, científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Raúl, uno de los participantes de la jornada, nos cuenta su experiencia:

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“Primeros muestreos en Guadalajara.
Área clave para el Lobo Ibérico.

Dos objetivos:
-El primero confirmar la presencia de la especie.
Nuestros últimos lobos han desaparecido.
16 larguísimos años intentando asentarse.
Imposible por la presión humana.

-Segundo objetivo, formación de los voluntarios.
Tres generaciones pateando el monte, codo con codo, y con un mismo objetivo: la protección del Lobo y la Biodiversidad.
Personas muy jóvenes, con formación académica y un gran compromiso. La maquinaria está en marcha.

Un antes y un después.
Vamos a realizar un censo científico, intachable.
Gracias a Don Fernando Palacios, hemos aprendido mucho.

Nos vemos en el monte”

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Cualquier interesado puede participar en el Voluntariado Nacional para el Censo del Lobo Ibérico enviando un email a censo.lobo.iberico@mncn.csic.es.

 

Lobo Ibérico: problemática de una especie transfronteriza

(Texto publicado originalmente en www.civinova.com)

Hablar sobre el lobo en el contexto ibérico es lanzarse de cabeza a la controversia. Pese al gran avance mostrado por la sociedad y administraciones públicas en materia de conservación de recursos naturales y valores de biodiversidad durante los cuarenta últimos años, el Canis lupus signatus sigue siendo la única especie emblemática que no posee un consenso general y del que no se tiene clara aún su necesidad de protección, incluso por parte de aquellos quienes tienen encomendada su gestión. Y junto con el zorro (Vulpes vulpes L.) son los únicos carnívoros predadores que no se encuentran protegidos plenamente en todo el territorio nacional. Sobradamente conocida es la historia legendaria y mitológica asociada a la especie así como la evolución del estatus legal que lo avala en la actualidad, por lo que solo cabe hacer una somera mención como antecedente.

Para muchos parece suficiente que en 1970, bajo el amparo de la entonces moderna Ley de Caza, el lobo fuese declarado especie cinegética y regulado por las vedas normalmente establecidas, dejando atrás un pasado como especie perseguida y de captura premiada por las Administraciones Públicas, a través de las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos.

Esta Ley 1/1970, de 4 de abril, concede a la especie los 9 meses de tregua que normalmente supone el período de veda. Es natural atribuir el mérito de ese nuevo planteamiento y gestión, al hecho de que la especie haya podido salir de los escasos reductos donde fue confinado y extenderse como lo sigue haciendo, convirtiéndose en un quebradero de cabeza para muchos de aquellos que tienen la misión de gestionar la biodiversidad.

Que la medida no fue tan mágica ni acertada, queda probada en su extinción a posteriori en el caso de Extremadura, Castilla-La Mancha y la práctica totalidad de Andalucía, donde el descenso de población progresivo llevó a declararle como especie no cazable o en peligro de extinción a mediados de los años 80. De modo similar, en aquellos territorios que se consideran como sus “cuarteles de invierno”, también estuvo el lobo en situación precaria hasta pasadas varias décadas.

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Curso de foto-trampeo: La herramienta definitiva

A finales del siglo XIX (1890), aparecieron las primeras cámaras que permitían capturar fotográficamente la vida salvaje de manera “automática”. Fueron utilizadas por el fotógrafo clásico estadounidense George Shiras, considerado por muchos como el padre de la fotografía de fauna salvaje, que empleaba trampas de alambre y una simple bombilla de flash de gran potencia. 74 de estas fotos, fruto de su trabajo pionero, fueron publicadas en la revista National Geographic, con gran éxito, en 1906. Si bien, el uso puramente científico de las cámaras-trampa, tuvo lugar en la década de 1920, cuando Frank M. Chapman estudió las especies más emblemáticas de la isla de Barro Colorado en Panamá.

En época más reciente, algunas dificultades tecnológicas, como la duración de las baterías, el tamaño de los equipos, y los mecanismos de disparo poco fiables, relegaron el uso de las cámaras-trampa a los cazadores, aventureros y naturalistas necesitados de experiencias difíciles de observar con el ojo humano, en lugar de a los ortodoxos investigadores que se mostraban más partidarios de otras técnicas más “convencionales”. Sin embargo, con el paso del tiempo, la inamovible ortodoxia científica, demostró una vez más estar equivocada…

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Segundo número de la revista Luparia

Ya está disponible el segundo número de Luparia, Revista de Estudios Licológicos, publicación digital que se puede descargar libremente y es editada por la Asociación Amigos del Lobo de Sierra Morena. 

Entre los variados e interesantes contenidos de está segunda edición destacan:
– Primer diagnóstico social que sobre el lobo en Sierra Morena se ha realizado hasta la fecha entre cazadores, ganaderos y agricultores.
– La incidencia del veneno en el devenir de la especie en Cataluña.
– El pasado histórico del hermano lobo en la provincia de Cáceres.
– La figura de Danielón, un lobero mítico de Sierra Madrona.
– La segunda parte del libro de Miguel David Aguilar El lobo en el comic II: edad de oro del hombre lobo.
o todas las novedades del estreno y recorrido del documental Los ojos del Lobo.
Puedes leer y descargar la revista de forma gratuita en el siguiente enlace:
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Amigos del Lobo de Sierra Morena
Telfs: 954 091327 / 645 241720 / 607 624299